Kami 神

Por A.Toledo

miércoles, mayo 03, 2006

Uchi-Soto 内-外

Todos los días al amanecer se levantaba, sobre su kimono blanco con manchas rosa se colocaba la armadura, el casco, la máscara, la espada en la cintura, la daga en la cintura, se colocaba los zapatos en la entrada de su casa, detrás de ella se colocaba la mayor y golpeaba dos pedazos de metal para sacar chispas, cuando el sol había salido del todo de su escondite ella comenzaba su camino.
Luchaba con todas sus fuerzas, con todo su espíritu, pero sus compañeros lloraban su silencio, nunca habló, nunca iba a hablar con ellos, no tenia porque, no tenia nada que decirles, sus labios se pegaban, secos por no abrir la boca, todos hablaban de ella, de cómo la espada era una extensión de su cuerpo, de cómo luchaba aun mejor con la lanza, de lo generosa que era, lo valiente que era, pero ella nunca separó los labios, ni cuando su señor vino con un presente y se lo dio frente a todo el ejercito, ella no abrió los labios, solo inclinó su cuerpo.
Regresaba cansada pero lista para quitarse los zapatos, remover la daga, colocar la espada en el lugar que le correspondía, armar de nuevo la armadura fuera de su cuerpo, y revelar el kimono, quitárselo y revelar su piel, meterse en la tina caliente y lavar la tierra por un momento, vestirse, maquillarse, arreglar su cabello y salir a la fiesta. Dos o tres amigos alrededor de la mesa, riendo y festejando, los labios abrían para revelar una sonrisa, una risa, una carcajada escondida detrás de una mano, todos sus amigos la alaban y decían lo graciosa y buena conversadora que era. Terminada la fiesta, se levantaba y se iba a la cama a dormir, esperando que amaneciera.

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